
periodistas@laestrella.com.pa
2011-11-13 D os agentes del SPI entran al callejón vacío del Casco Viejo en donde nos encontramos. Sus four wheels rugientes, que se me hacen enormes, ahogan la frase que lanza uno de ellos. Sus ojos nos desnudan.
-¿Qué? No le escucho -dije un par de veces.
-¡No pueden hacer eso! -finalmente entendí.
Supe que se refería al beso que nos habíamos dado. Inocente, apenas un piquito, no el beso más apasionado que me he dado en público, pero esta vez es con una mujer.
Las siguientes cuatro horas fueron de abusos y vejaciones.
Pregunté, lo más calmadamente, a pesar del miedo, qué pasaba, si estábamos cometiendo algún delito, en qué falta habíamos incurrido y en tono golpeado respondían, una y otra vez ‘ustedes saben’, ‘eso no se puede hacer’. Nos pidieron las cédulas dos veces. Después de un rato de ver que manteníamos la calma: no lloramos, gritamos, rogamos u ofrecimos nada, vinieron las amenazas de mandarnos a la subestación de El Chorrillo.
-¿Nos están deteniendo? ¿Bajo qué cargos? -pregunté.
-¡Tú eres una lisa! ¡No me vas a decir a mí cómo hacer mi trabajo! -contestó.
-Nos sentimos amenazadas -expliqué.
-¡Ahora sí te vas a sentir amenazada!
Aparecieron dos uniformados más en un carro 4x4 plateado con vidrios ahumados, sin marcas oficiales. Les dije que no nos íbamos a subir allí con dos hombres. Hice algunas llamadas, ellos quisieron catearnos, les dije que no nos tocarían, por radio pidieron a dos ‘femeninas’. Unos minutos más tarde llegaron alrededor de seis agentes (hombres) más y las dos ‘femeninas’, estas nos requisaron. Llegó un panel blanco, vidrios completamente negros. Nos obligaron a subir, con la supuesta protección de que subirían también las dos agentes mujeres. En el camino gritos, amenazas, intimidación. Al llegar a El Chorrillo, nos encerraron en una oficina con las ya citadas agentes que volvieron a requisarnos, en privado, con una energía distinta, pidieron subir mi vestido, manosearon mis genitales, toquetearon a mi compañera y le hicieron bajarse el pantalón.
A mi novia la encerraron en una pequeña celda, oscura, hedionda a orines, que contenía ya a otras seis mujeres. A mí, que llevaba un vestido corto y algo escotado, me dejaron afuera de la celda. Después de un rato de estar allí, sin comunicarnos motivos, sin arrestarnos, sin leernos derechos, sin darnos llamada –yo pude llamar cuando me devolvieron mí celular—, nos llevaron al Juzgado Nocturno de Calidonia, donde nos encerraron en una celda hasta que llegó la jueza. Siguió el surrealismo retorcido, una vez más pregunté cuál era el delito, la jueza tampoco pudo dar una respuesta, nos dio un regaño moral, nos habló de su opinión personal y otros temas irrelevantes al desempeño de sus funciones como administradora de justicia. Para terminar nos ‘dejó ir’ con ‘sólo’ una amonestación verbal, pero amenazó que si volvíamos allí por la misma causa nos pondría una sanción de verdad.
PSICÓLOGA Y ARTISTA
http://www.laestrella.com.pa/online/impreso/2011/11/13/valentina_secuestrada_por_el_spi.asp
Que verguenza que en mi pais sucedan estas cosas. Que pasa con los supestos ejemplos de la justicia. Como puedes impartir justicia en base a lo que piensas? Que lastima me da decir en el extranjero de donde soy. Que lastima con este govierno. Que tristeza me da saber que no hay personas capacitadas mentalmente para hacer un trabajo digno.
ResponderEliminar