
2011-11-13 La estadística señala que las muertes de mujeres van en aumento. Continúan las violaciones, incluso los abusos sexuales dentro del matrimonio -por quienes se creen dueños de nuestro cuerpo-, abunda el acoso laboral, la inequidad, a pesar de que nuestro país es signatario de convenciones que proscriben todas las formas de discriminación contra la mujer y penalizan la violencia contra ellas. Y es que no parece haber voluntad política para incluir dentro del Presupuesto de la Nación la prioridad que significa la implementación de planes y Programas para prevenir y combatir la violencia y la discriminación de género.
Esos tipos de abusos son una muestra más de la sociedad patriarcal, que toma las ‘cosas de mujeres’ con una acentuada descalificación. Así son vistas las luchas que las activistas feministas hemos desarrollado para la defensa y el respeto de nuestros Derechos Humanos. Así fue vista, también, la reciente Marcha de las Putas versión Panamá, que dejó una impresión entre confusa y negativa, producto del desinterés y la desinformación. Hubo rechazo de parte de algunas personas que entienden la moral como una exclusión, algo que Cristo nunca hizo. Hubo hasta despidos en un diario local, un hecho insólito que es muestra de los resabios de la sociedad patriarcal, que condena a la mujer y tipifica un irrespeto a las libertades civiles.
Pero, ¿qué mensaje pretende y por qué se originó la controversial Marcha de las Putas? En Toronto, en el Auditorio Osgoode de la Escuela de Leyes, el oficial Michael Sanguinetti y un compañero suyo, de la División 31 de la Policía Canadiense, dieron una conferencia sobre seguridad. En un momento de su exposición, Sanguinetti dijo: ‘Las mujeres tendrían que evitar vestirse como putas si no quieren ser violadas’. El efecto fue catastrófico. Ese día nació un movimiento que inició en Canadá y se ha replicado en infinidad de países del mundo entero. En la Marcha las consignas fueron claras al propósito que se quería cumplir: ‘Ni una muerta más’, ‘Queremos vivir sin miedo’, ‘Respeta mi cuerpo’, ‘Queremos justicia’. A esa marcha se agregaron todos los ciudadanos y ciudadanas que entendieron el mensaje de protesta. Allí estuvieron un antes defensor del Pueblo; una exministra del Minjunfa, funcionarios públicos, obreros, sindicalistas, miembros de las Comisiones de Mujeres de partidos políticos. A medida que la marcha avanzaba, la gente en las aceras coreaba y aplaudía. Pero algunos medios solo se mofaron sin entender.
Nos preguntamos: ¿cuántos Sanguinetti habrán en nuestra sociedad patriarcal, conformada por una parte de la humanidad que concebimos un día las mujeres y que con dolor parimos? Son los hijos de nuestro vientre quienes se creen con el derecho a tocar a su antojo el cuerpo de una mujer y mancillarlo; los que cometen los crímenes atroces contra niñas, jóvenes y hasta ancianas. Son ellos quienes nos matan en nombre del amor, los que nos dirigen todo tipo de piropos ofensivos, como muestra de un desabrido comportamiento de ‘machos’. Ellos los que a cada disgusto con sus cogéneres sacan la inocente madre del otro como la mejor ofensa, como si ellos no tuvieran una para hacerla respetar, y permiten que se las denigren en nombre de una costumbre patriarcal como respuesta ante cualquier ofensa. ¡Sacarse la madre! Con qué orgullo y rapidez se dice y ahora hasta por Twitter ‘H.P’.
ABOGADA
http://www.laestrella.com.pa/online/impreso/2011/11/13/la_ruta_de_la_discriminacion.asp
No hay comentarios:
Publicar un comentario