Vivimos grandes cambios en el mundo, que anuncian el descalabro del orden político-económico y el nacimiento de una nueva era. Panamá enfrenta la paradoja de vivir en su mejor momento económico, de la mano con la desigualdad social y la destrucción institucional de su frágil democracia, lo que conspira contra la sostenibilidad de este logro histórico alcanzado.
En este complejo escenario, las mujeres representamos el grupo discriminado más numeroso, y por mayor tiempo, en la historia de la humanidad. Simultáneamente, somos clave para combatir la pobreza, debido al sentido de responsabilidad familiar que nos caracteriza. En momentos en que los panameños repensamos el país, debemos incluir la equidad de género como eje de la justicia social, sin más postergaciones ni excusas. A continuación la visión de las mujeres panameñas del Panamá que anhelamos. ¿Cuál es el país que soñamos? En el hogar:
1. Queremos un país que erradique la agresión y asesinato de mujeres por parte de sus esposos, amantes o novios. Donde sea impensable e impracticable que se nos viole o maltrate, física, verbal o psicológicamente. Donde se elimine el incesto de mujeres y niñas por parte de adultos mayores. Y que, de incurrir en ello, se castigue implacablemente a los responsables de estos crímenes.
2. Un país donde no seamos utilizadas como florero, objeto de lujo o de prestigio del hombre, para beneficio de la imagen y carrera del esposo, eliminándose el proyecto de la mujer y donde, frecuentemente, no se nos escucha, apoya, ni ama.
3. Un país donde dejemos de ser esclavas del hogar, trabajadoras domésticas obligadas, cuyo trabajo es exigido, pero no valorizado, mucho menos, remunerado. Con horarios indefinidos, sin vacaciones ni jubilación ni licencias. En la mayoría de los casos, las horas de trabajo de la mujer duplican las horas de trabajo del hombre, pero el reconocimiento y remuneración a nuestro trabajo es nulo o inferior. Y muchas veces se nos considera una carga económica, precisamente, porque nuestro trabajo en el hogar no genera ingresos.
En el espacio político:
4. Deseamos un país, donde seamos tratadas con respeto, no como botín o trofeo de guerra. El caso de las indígenas manifestantes por la causa minera e hidroeléctrica, quienes fueron detenidas y abusadas sexualmente por los antimotines, es espeluznante. No se ha escuchado de castigos a estos policías ni de indemnizaciones a sus víctimas.
5. Queremos un país con paridad en el espacio político, donde se apoye la carrera política de las mujeres para que se corrijan las desigualdades de nuestra sociedad machista.
En el espacio laboral:
6. Anhelamos un país con igualdad de oportunidades, donde se erradique el acoso sexual en el trabajo, donde se nos considere inteligentes, competentes, valiosas. Y no se haga esto, retóricamente, con preferencia en la escogencia de mano de obra femenina para luego ofrecer salarios inferiores que a los varones. O donde la mayoría femenina jamás llega a los puestos de mando o de poder.
7. Deseamos ver igual número de mujeres que de hombres en las directivas de empresas privadas, en el gabinete de los gobiernos centrales, en la Asamblea Nacional, en la Corte Suprema. Por alguna razón la especie humana está balanceada: igual número de hombres que de mujeres, siempre que estos números no sean afectados por la guerra, el infanticidio o las migraciones.
En los medios de comunicación social:
8. Soñamos con un Panamá donde la mujer, real y simbólica, sea apreciada sin ser manipulada como objeto sexual de consumo. Donde los afiches con imágenes femeninas, en las calles, la televisión o el cine, dejen de mostrarnos como ganado, apiñadas en bikinis, sin un rostro diferenciado, digno, humanizado. Deseamos eliminar los programas que cultivan el chiste machista, donde los actores masculinos se burlan de nuestro cuerpo, nuestras actitudes o conductas, producto de una sociedad androcéntrica de consumo.
En el espacio de la salud:
9. Deseamos vivir en una sociedad donde seamos atendidas con respeto y diligencia, donde se asignen los recursos para resolver necesidades, problemas y enfermedades propias de la mujer en las diferentes etapas de nuestro ciclo de vida.
10. Donde se respeten el derecho de la mujer de acceder a la sexualidad como sujeto, sin denigración, represión ni comercialización de nuestra sensualidad.
11. Añoramos vivir en una sociedad que nos respete como sujeto de la reproducción humana, con políticas públicas de salud que permitan el acceso amplio y seguro a la planificación reproductiva.
En el espacio de la religión:
12. Las panameñas deseamos ejercer nuestra espiritualidad plenamente. Como líderes y como seguidoras; como teólogas y como catequistas. Necesitamos vivir en una sociedad donde las religiones erradiquen, de una vez por todas, la construcción de la identidad femenina demonizada, impura, excluida, recluida o inferior. En conclusión: Deseamos introducir el concepto de seguridad de género, como cultura basada en valores, prácticas y políticas públicas, que garanticen la seguridad física, la libertad humana, económica y sociopolítica de la mujer. Las panameñas merecemos vivir tranquilas, sin la pesadilla de ser abusadas o violadas. Sin el fantasma de ser abandonadas por nuestros compañeros, lo que ocurre con frecuencia cuando somos jóvenes con hijos pequeños o cuando estamos mayores y perdemos la juventud, en una sociedad androcéntrica, sexualizada y consumista, que nos oprime y discrimina. Deseamos vivir con orgullo de ser mujeres, en una sociedad donde no se burlen de nosotras, donde tampoco se nos denigre ni objetivice. En una sociedad donde se reconozca el valor de nuestro trabajo, dentro y fuera del hogar. Queremos vivir sin miedo y ser felices, como sujeto, no apenas como instrumento de la felicidad de los demás.http://prensa.com/impreso/opinion/equidad-de-genero-eje-de-la-justicia-social-ana-elena-porras/92838
Equidad de género, eje de la justicia social: Ana Elena Porras | Opinión-Impreso | Prensa.com
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