Por Aracely Leoteau
Hace dos semanas aproximadamente, se aprobó en la Comisión de Reformas al Código Electoral panameño, el artículo que permitirá incorporar en el Proyecto de Ley de Reformas Electorales, la Paridad Política. La presencia de muchas mujeres ese día, indicaba claramente, que alcanzar este logro en esta primera fase, iba más allá de una simple lucha feminista. Tanto, que los medios de comunicación, radio, prensa y televisión, no pudieron diferenciarse en el titular de la noticia al día siguiente: “Por unanimidad aprueban paridad”.
Sin embargo, al parecer, tal consenso no es el reflejo de la sociedad en su conjunto, ya que a partir de ese momento, las opiniones, que a modo de reacción han aparecido en los medios de comunicación, confirman esta afirmación.
Los hombres, en su mayoría, establecen un marco de sentido enfocado al rechazo de la propuesta, argumentando que se está forzando la elección de la mujer en las elecciones. Y con esto, se está violentando la constitución, que señala “no habrán fueros ni privilegios”.
Las mujeres, por otro lado, impulsadoras de este logro, siguen en su intento de explicar con mil un argumentos todo el calvario por el que tienen que pasar para poder mantenerse en el sistema político panameño. Ejemplos: escaso financiamiento para la campaña, la responsabilidad de atender el hogar, la nula empatía de la pareja, la falta de capacitación por los mismos partidos políticos, a propósito del subsidio electoral, entre otros.
Claramente las condiciones del hombre y la mujer no son iguales, ni biológica, ni socialmente. En nuestras sociedades, las mujeres siempre están en un nivel de desventaja, a pesar de representar la mayoría en las Universidades, las que ha demostrado una fortaleza para trabajar y criar a sus hijos, etc.
Lamentablemente, esta realidad se reconoce de los dientes para fuera, porque a la hora del debate, estos argumentos no son tomados en cuenta, y lo que impera es una estructura mental, conocida como machismo, que impide abrir el espacio a la comprensión de factores determinantes como los ya mencionados.
Y si esto no es así, entonces ¿Por qué no reconocerle el derecho a la equidad en la participación política? ¿Cuál es el miedo?
Lo único que podría ocurrir con esta práctica que se intenta implantar en nuestro país, es que el ciudadano estudie más a la hora de escoger a quien lo va a representar en la Asamblea Nacional, que él o la política, se prepare más a la hora de ir a una campaña electoral porque la competencia no será fácil.
El camino apenas empieza, ya hay hombre y mujeres que han trazado juntos la ruta para avanzar en esta materia. Eso busca la Ley de paridad, fortalecer la democracia desde su origen y no desde la conveniencia como se está entendiendo.
Tomado de Hora Cero: http://horacero.com.pa/index.php?option=com_content&view=article&id=28997:hora-cero&catid=179:aracely-desde-chile&Itemid=111123
La verdad no estoy de acuerdo con este proyecto, anula la democracia ya que aunque la mayoría votemos por una opción que nos parezca mejor siendo en este caso hipotético un hombre, se decretaría como ganadora la candidata fémina por su condición de Mujer... Me parece que esta periodista esta equivocada, no hay nada mejor que ser electo democraticamente, que las mujeres se preparen y compitan en democracia
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